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Tres años de incendios y un millón de hectáreas quemadas en el Delta del Paraná. ¿Quién se hace cargo?

Por Caro Diotti

Los meses de junio y julio son el terror en los humedales del Delta del Paraná. Desde hace tres años se queman los pastizales desde las islas entrerrianas frente a la ciudad de Rosario hasta la zona de Escobar en Buenos Aires. Incendios forestales intencionales que ocurren siempre en la misma época. Más de un millón de hectáreas se vieron arrasadas por el fuego y hay en este momento unos mil cuatrocientos focos de incendios se registran en solo tres provincias.

Desde 2019 sistemáticamente se prenden fuego las islas del Delta del Paraná, en especial las que están en territorio entrerriano, pero se extiende también al territorio bonaerense y santafesino. La causa es una vieja práctica conocida como «rozado» por la que se queman los pastos en esta época para dar paso al rebrote y aparición de nuevas pasturas para el ganado en primavera. Una costumbre tan antigua y arraigada como, obsoleta y destructiva.

Este año las condiciones climáticas de sequía y falta de humedad y la bajante del Río Paraná más fuerte en mucho tiempo, favorecen aún más la expansión del fuego en el marco de las quemas que en su mayor parte son intencionales. Según la Multisectorial de Humedales se quemó más del 30 por ciento de lterritorio de los humedales.Un territorio enorme y despoblado, tratado como «pajonal» en el que no se pueden encontrar ni testigos que puedan aportar datos cada vez que aparece un foco. «Para dimensionar el daño de estos 2 años y medio de incendios en los humedales del delta del Paraná. 1) 2020, el peor año, casi 700mil has. 2) 2021, poco mas de 300mil. 3) La mitad del 2022, casi 95mil» escribió recientemente Cesar Massi naturalista santafesino, productor de plantas nativas en Bigand y uno de los más activos en la denuncia de los incendios en el Delta.

¿Pero quiénes están detrás de las quemas? La situación es confusa y compleja de descifrar entre acusaciones cruzadas entre el sector ganadero, el rural, los ambientalistas y las autoridades. Para algunos se trata de empresarios que pretenden desembarcar con ganado en esas tierras, otros incluyen la variable del negocio inmobiliario, también se señala a los mismos pobladores locales que repiten automáticamente la práctica de quemar año a año. No está claro dónde está el verdadero disparador de la situación y es probable que se trate de una combinación de responsabilidades.. Además se suma la falta de medios de las fuerzas de seguridad como Gendarmería, Prefectura y la policía provincial, que deberían actuar en la prevención del fuego y el control de la zona.

No es claro quiénes son los autores de los incendios, pero sí está claro por qué y la clave está en el corrimiento de la actividad ganadera a la zona de las islas producto del avance de la frontera agrícola en zonas que antes eran destinadas a animales. Los cambios en los usos del suelo del Delta del Paraná llevaron la actividad hacia el lado de la ganadería y para eso es necesario que haya fuego. En los últimos cuatro años se duplicó la cantidad de cabezas: la población vacuna en el delta pasó de 130.992 a 191.662 entre 2017 y 2022. Una triste coincidencia con los años de incendios intensos.

Con el humo en el Obelisco, la situación se volvió más visible. Y aunque hace semanas que en Rosario, San Nicolás, Baradero, Villa Constitución no se puede respirar, el tema tomó relevancia masiva recién cuando la Ciudad de Buenos Aires y sus alrededores se tiñeron de gris. El Ministro de Medio Ambiente de la Nación Juan Cabandié salió a cruzar a intendentes, gobernadores y funcionarios y a denunciar a propietarios de los campos deslindando responsabilidades de la nación en la compleja situación. Si bien la jurisdicción y por tanto el control del fuego compete a las autoridades del ejecutivo y del poder judicial de las provincias involucradas, Santa Fe, Entre Ríos y Buenos Aires, las incumbencias no son tan simples. El Ministerio de Ambiente tiene bajo su área el Plan Nacional de Manejo del Fuego – que volvió a formar parte de esa cartera ya que fue parte del Ministerio de Seguridad durante la presidencia de Mauricio Macri – que cuenta con un presupuesto de $ 6.700 millones. Por otra parte está la normativa provincial: en Entre Ríos, las quemas están permitida con permisos de las autoridades competentes y en Santa Fe están prohibidas.

Pese a los tres años de recurrencia con los incendios en el Delta, Argentina aún no cuenta con una Ley de Presupuestos Mínimos para la Protección de Humedales. Desde hace casi un década se vienen presentando proyectos que no logran ver la luz y que son sistemáticamente frenados por los sectores rurales y políticos de las provincias litoraleñas que se resisten a una ley restrictiva. En 2020 más de cien organizaciones ambientales lograron consensuar un proyecto que fue presentado por el diputado Leonardo Grosso pero que fue completamente ignorado y reemplazado por un nuevo proyecto anunciado desde el Consejo Federal de Medio Ambiente (COFEMA) que cosechó fuertes críticas y repudio de la mayor parte de los colectivos y las organizaciones que señalaron que la iniciativa estaba hecha a medida de los gobernadores y suprimía cláusulas fundamentales. El escándalo, los incendios y la movilización social lograron que la semana pasada fuera tomado nuevamente el proyecto original y girado a las comisiones correspondientes para comenzar con su tratamiento.

Las principales amenazas que enfrentan los humedales son la intensificación de las actividades agrícolas y ganaderas y los desarrollos inmobiliarios. El 21% del territorio nacional es humedal y su importancia radica en sus múltiples servicios ecosistémicos. Quizás el más evidente que nos brindan los humedales sea el de provisión de agua potable. Estos actúan como grandes reservorios de agua disponibles para el consumo humano en sus diversas actividades. Además, algunos funcionan como purificadores de sustancias contaminantes, reteniendo nutrientes dañinos para nuestro organismo.

Millones de hectáreas con toda su biodiversidad quemadas. El pasto rebrota pero el ecosistema tardará muchísimo tiempo en recomponerse. O tal vez nunca vuelva a ser lo que fue. Que las personas respiremos humo es el último eslabón del desastre mayor de destrucción de la naturaleza y de un ecosistema vital. Sin institucionalidad, ordenamiento del territorio y fondos y sin marco legal que proteja los humedales no será posible revertir el desastre en el Delta del Paraná.

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