Conexión Animal

El problema de la desinformación en materia de alimentos

Compartir :

Share on facebook
Share on twitter

El 70% de los alimentos que se venden en Argentina son ultraprocesados

Por Juana D.D.

No hay nada más importante que la alimentación para el buen desarrollo y la salud pero desde hace tiempo la industria de los alimentos se volvió una trampa. No sabemos qué es lo que comemos. La publicidad, cotidiana e incuestionable, nos inculca que consumir productos fabricados masivamente es totalmente normal. Y nos enfrentamos a un gran problema: la desinformación.

Cuando compramos alimentos industrializados, la mayoría de nosotros lo hacemos sin saber realmente qué ingredientes contienen y gran parte de la responsabilidad de esa falta de información la tienen los gobiernos. En Argentina recién en marzo de este año entró en vigencia la Ley de Etiquetado Frontal con el objetivo es garantizar el derecho a la salud y a una alimentación adecuada brindando a los consumidores información clara y veraz sobre el valor nutricional de los alimentos, ya que la información actual en los productos es casi ilegible y además contiene siglas químicas que tampoco sabemos interpretar.

En nuestro país el 70% de los alimentos que se comercializan son ultraprocesados y se consumen altas cantidades de gaseosas y galletitas por habitante. Las publicidades mediante las que se venden estos productos casi siempre están dirigidas a los niños: se usan ilustraciones súper llamativas jugando con la inocencia e ilusión de ellos. Y las consecuencias son, entre otras cosas que 1 de cada 3 niños tienen sobrepeso.

Probablemente hayas visto o escuchado que ciertos alimentos tienen una mínima proporción de alimentos naturales o sanos, que son fortificadores o que son buenos para el crecimiento y desarrollo de los chicos. Esto obviamente no es así, sino que es una estrategia de marketing nefasta. La habilidad para distorsionar la imagen de los alimentos ultraprocesados engaña al consumidor y eso hace que no cuestionemos los orígenes de aquello que compramos. Lo que no se cuestiona, es aceptado y vende, aunque eso signifique poner en juego la salud de la población.

Todos conocemos la frase “comer sano es caro” que muchas veces se utiliza como justificación para resolver más fácil y rápidamente la forma de alimentarnos. ¿Es caro? ¿Hay que disponer de mucho tiempo para buscar los alimentos y luego elaborarlos en nuestro hogares? La verdad es que consumir alimentos reales no es tan difícil ni exige invertir enormes sumas de dinero y tiempo.

El gasto de comprar productos super procesados muchas veces es equivalente al que haríamos comprando otros productos más sanos que sabemos además de dónde provienen. Investigar qué alimentos nos hacen bien y cuáles no, cómo podemos hacer para aprovechar todos los nutrientes, qué cosas estuvimos consumiendo sin cuestionarnos, nos llevará muy probablemente a abrir nuestra nuestra cabeza para entender lo que realmente significa una alimentación sana. Planear una comida saludable y real no te llevará más de 20 minutos.

Los pueblos tienen derecho a definir sus propias políticas y estrategias sustentables de producción, distribución y consumo de alimentos con base en la pequeña y mediana producción: ese es el concepto de soberanía alimentaria. El modelo agroindustrial de alimentaria debe cambiar y dar paso a otros paradigmas que lentamente están cambiando. Eso es tarea de gobiernos y de la misma industria.

Mientras nosotros como consumidores podemos despertar nuestra conciencia empezando por reducir el consumo de alimentos de producción masiva y contribuir a un estilo de vida más sustentable y saludable. Es peligroso y dañino no saber qué es lo que estamos ingiriendo para nosotros y para el planeta. Vos podes elegir que no te engañen más y hacer tu parte involucrándote en cada elección que hagas.