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Fundación Rewilding lleva a cabo la repoblación de guacamayos rojos en el Iberá

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Fundación Rewilding lleva a cabo la repoblación de guacamayos rojos en el Iberá

Por Bautista Diaz

Hace, apróximadamente, 150 años, los guacamayos rojos dejaron de colorear las selvas del noreste argentino, cuando se extinguió hasta el último individuo. Las últimas observaciones en el Litoral datan de mediados del Siglo XIX, y hasta hace muy poco tiempo solo quedaban anécdotas de estas maravillosas aves.

De la mano de la fundación Rewilding Argentina, la Provincia de Corrientes y la Administración de Parques Nacionales en el año 2015 comenzó el primer intento de repoblación de la especie. Llevaron a cabo la recolección de guacamayos provenientes de donaciones de particulares, zoológicos y centros de rescate, con el fin de liberarlos en la naturaleza. Actualmente, el Ecoparque de Buenos Aires, la Fundación Temaikén y el bioparque La Máxima de Olavarría crían y mantienen pichones para la colaboración del proyecto.

Los animales provenientes de cautiverio no son fáciles de liberar en la naturaleza. Que aprenda a volar, alimentarse de frutos nativos, lidiar con los depredadores, son tareas que requieren muchísimo trabajo por parte de los profesionales. Luego de años de esfuerzo, cerca de 20 guacamayos rojos sobrevuelan los Esteros del Iberá; una cifra pequeña pero que pronto irá aumentando potencialmente. Los vecinos de los pueblos de la zona, encantados con el trabajo de los ambientalistas, colaboran a la causa dando aviso a Rewilding cada vez que algún ejemplar rodea sus casas.

El guacamayo cumple una función crucial en el ecosistema, ya que son los protagonistas de la dispersión de semillas, un fenómeno que ocurre cuando las aves llevan frutas en su pico de un lugar a otro y descartan las semillas en el suelo, dándole la posibilidad a un nuevo árbol o planta de crecer, repoblando así los bosques degradados a causa del hombre. También tiene un rol fomentando el turismo de la zona, y con este, la actividad económica.

Causas de su desaparición

La especie es cotizada en el ambiente de la caza furtiva, por su distintivo plumaje. Si no los matan, los secuestran para comercializarlos clandestinamente. Debido a su alto promedio de edad (ronda los 60 años), algunos ejemplares enjaulados pasan décadas como «herencia» familiar, muchos sin plumaje y obligados a repetir frases, causa de la famosa capacidad del animal para «hablar».

A principios del año pasado, nacieron los dos primeros pichones de la zona en 150 años, bautizados «Tuco» y «Puré», dos hembras que tras un largo proceso salieron de las «cajas nido» donde fueron preparadas para lanzarse al vuelo y adaptarse a la vida silvestre.

El nacimiento de estos pichones marca un antes y un después en el trabajo ambiental del país, y siembra de esperanza a la comunidad, deseando que, en poco tiempo, los guacamayos rojos puedan volver a recorrer el litoral argentino sin intervención humana