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Se aprobó la comercialización de semillas de trigo transgénico

Por Santiago Campeni

Argentina se convirtió el pasado jueves 12 de mayo en el primer país del mundo en aprobar para su comercialización la utilización de semillas de trigo transgénico, denominado Trigo HB4. En el informe a continuación analizaremos los impactos de este nuevo evento transgénico, en la economía, agronomía, salud, sociedad y ambiente.


Para comenzar debemos definir que es un transgénico. Un transgénico es todo individuo al que su material genético original se le adiciona un gen de un organismo diferente mediante ingeniería genética, haciendo que se exprese en el individuo inicialmente mencionado. Para poner un ejemplo podemos tomar el caso del girasol que presenta un gen que lo hace más tolerante a las sequias. Del girasol se toma el gen que le da esta característica y se lo introduce a la planta trigo generando un nuevo cultivo que también será tolerante a las sequias cuando naturalmente no lo era.


La historia de los transgénicos en el país tiene sus orígenes en el año 1996 con la introducción de la soja resistente a glifosato de la empresa Nidera. En un trámite de tan sólo 81 días el Ministerio de Agricultura había habilitado el inicio de una historia de eventos transgénicos, que continúan hasta nuestros días con 61 eventos registrados.
La aprobación del primer trigo transgénico del mundo debió pasar por tres organismos supervisores, proceso a seguir cada vez que se desea introducir un nuevo cultivo transgénico.


Los tres organismos supervisores son el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA), la Comisión Nacional Asesora de Biotecnología Agropecuaria (CONABIA) y la Dirección Nacional del Ministerio de Agricultura. En el caso de la CONABIA, esta comisión históricamente ha contado con integrantes afines a las empresas de agroinsumos (Monsanto, Syngenta, DOW, etc.) o con intereses en ellas. En el momento de la aprobación del trigo transgénico, de los 36 integrantes, 26 tenían este perfil.
En el caso del Trigo HB4, que se promociona como tolerante a sequías, cuenta con la incorporación de dos genes. El primero de ellos, el gen HB4, que proviene del girasol como mencionamos anteriormente, haciéndolo tolerante a las condiciones de sequía en el suelo. En segundo lugar, se introdujo el gen de resistencia al glufosinato de amonio que, si bien hablaremos más tarde, es un herbicida de amplio espectro, es decir, que elimina todas las malezas presentes en el campo, excepto la planta que tiene el gen que la hace resistente.


La aprobación de este nuevo transgénico despertó el rechazo de parte de la comunidad científica, movimientos ambientalistas, y chefs que bajo la campaña #connuestropanno reclaman que se de marcha atrás con esta medida.
Desde un punto de vista agronómico, esta nueva variedad de trigo, en los diversos estudios realizados por la doctora Raquel Chan, investigadora superior del Conicet, docente de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) y descubridora del gen HB4, el rendimiento en condiciones de sequia, frente a variedades tradicionales de trigo es del 60% superior. Esto supondría una ventaja frente a las variedades actuales de trigo, más aún en un escenario de cambio climático donde se prevé que las sequias digan presente con mayor frecuencia e intensidad en el país, afectando considerablemente el rendimiento de los cultivos y, por lo tanto, afectando la entrada de ingresos para el país. 


Como hablamos antes, además del gen de resistencia a sequía, también se introdujo el gen de resistencia a glufosinato de amonio. Este agroquímico, introducido entre 2011 y 2012 en el país, es 15% más tóxico que el conocido glifosato. Los agroquímicos deben aplicarse con diversas medidas de seguridad tales como uso de guantes, y aplicarse cuando no hay viento, entre otras, sin embargo, cuando vemos la realidad esto no sucede. Tan solo mencionaremos algunos de los muchos casos que se escuchan a lo largo del país, donde las avionetas pulverizan los cultivos, haciendo que el viento esparza los agroquímicos mucho más allá de la zona donde se pretende aplicarlos. Son conocidos los casos en que las avionetas pasan a metros o directamente por encima de escuelas rurales donde los chicos asisten a clases. Los maestros han encarnado en cuerpo la lucha contra el avance de las avionetas que, descaradamente, fumigan a las personas. 


Un caso resonante fue lo sucedido en la provincia de Córdoba, en el barrio de Ituzaingó. Sofía Gatica, madre y vecina del lugar comenzó a realizar un mapeo sobre los casos de cáncer, problemas endocrinos, y demás enfermedades metabólicas en la zona y noto que la tasa aumentaba en un 50% en el barrio. El factor que aumentaba estas cifras era que el barrio era lindero de campos que fumigaban sin respetar ninguna distancia de seguridad con las casas donde vivía la gente. En el año 2005, luego de cientos de reclamos por el movimiento “Madres de Ituzaingó”, la municipalidad de Córdoba hizo análisis y comprobó en 24 chicos restos en sangre de un plaguicida prohibido en EEUU desde el año 1976, y prohibido en 1980 en Argentina por ser “probablemente cancerígeno”. Finalmente, en el año 2012 se logró un hecho histórico, en el cual, se llevó a juicio y se condenó a tres años de prisión no efectiva a un productor y a un fumigador. Resaltamos que esto fue un hecho histórico, ya que en la mayoría de los casos las denuncias quedan en los juzgados y la gente sigue padeciendo estas injusticias. Sin embargo, en Estados Unidos ha habido juicios millonarios en los que Monsanto tuvo que pagar a productores que padecieron cáncer por usar sus productos. Como estos casos, se pueden encontrar muchos en todo el país, como es el de las comunidades Wichis originarias que, ante el avance del desmonte, han quedado entre campos de soja y son fumigados en la provincia de Salta.

 
Sin embargo, suponiendo que se apliquen los agroquímicos de manera responsable, llevando a cabo todas las medidas de seguridad necesarias para cuidar a quienes los aplican y a quienes conviven con los campos, los pesticidas llegan a nuestra mesa. Un estudio realizado por la asociación civil Bios de la ciudad costera de Mar del Plata, determinó que el 90% de las personas estudiadas presentaban glifosato en su orina. La ciudad de Mar del Plata es una urbe que no se encuentra cerca de ningún campo, por lo tanto, los agroquímicos llegan a las personas por los alimentos que se sirven en sus platos. Al introducirse el trigo transgénico a los cultivos que se realizan en el país, se estaría introduciendo un alimento fumigado a la base de la alimentación de los y las argentinos. Para finalizar con los datos referidos a salud, en el Mercado Central de Buenos Aires, donde asisten millones de personas, un análisis realizado por el Estado Nacional entre el 2011 y 2013 dio como resultado que el 60% de frutas y verduras analizadas tenían trazas de agroquímicos.


Desde una mirada ambiental, la aplicación de agroquímicos desde sus inicios con el modelo transgénico ha ido en aumento de manera exponencial. Según un informe de economía y desarrollo industrial desarrollado por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), en el año 1998, el consumo de agroquímicos era menor a 150 millones de litros en el país, mientras que en el año 2011 esa cifra se elevaba a casi 350 millones de litros. Hace 20 años se utilizaba tan solo 3 litros de glifosato por hectárea, mientras que en la actualidad se aplican 15 litros, convirtiendo a Argentina en el país con mayor aplicación de glifosato en el mundo.

 La explicación de porqué estos números se elevan constantemente se puede explicar en dos factores. El primero, es el avance de la frontera de la soja año tras año, como se ve en las cifras de deforestación y en los incendios récord del año 2020 que, según datos oficiales, el 95% de estos incendios fueron realizados intencionalmente. Esta cifra podría incrementarse con el uso del trigo HB4 ya que al poder plantarse en terrenos con condiciones más secas, esto podría aumentar más aun la frontera agrícola. El otro factor que potencia el aumento de litros aplicados de pesticidas, es la resistencia de nuevas malezas que antes con menos aplicaciones morían.

Luego de 20 años de constantes aplicaciones de herbicidas, algunas plantas han desarrollado resistencia, haciendo que se tenga que usar cada vez más insumos para luchar contra ellas. El glufosinato de amonio que se utilizara en el trigo HB4 es un herbicida surgido justamente de esta problemática, ya que se utiliza en los casos en que el glifosato no puede eliminar determinadas malezas.
Otro efecto en el ambiente realizado por la aplicación de agroquímicos, es la proliferación de los mismos en diversos ambientes no relacionados con la agricultura. Un estudio realizado por el Centro de Investigaciones del Medio Ambiente, dependiente del CONICET, demostró que el glifosato al ser evaporado por las plantas luego es descargado por las nubes en las lluvias que se dan en la ciudad de La Plata. El mismo estudio encontró muestras de este pesticida en la cuenca del río Paraná-Uruguay, siendo la más importante del país, ya que sustenta gran parte del consumo humano y productivo de la zona. Estos estudios nos demuestran que el Glifosato permanece en el ambiente y contamina distintos cuerpos de agua.


Además de afectar a los humanos, la aplicación de diversos agroquímicos, entre ellos el glufosinato de amonio que se aplicaría sobre el trigo transgénico, también genera daños en los organismos polinizadores. Un estudio realizado por la Universidad de Texas, demostró que las abejas que no ingirieron una solución azucarada con glifosato presentaban bacterias beneficiosas en su estómago, mientras que las que sí lo habían consumido no las tenían. Según el estudio, esto se traduciría en una menor respuesta inmune de las abejas y potenciaría su desaparición que ya se ve afectada actualmente por otros factores. También se han visto efectos en algunos pájaros que ayudan en la polinización. 

Si ponemos el ojo en el impacto social de la agricultura basada en monocultivos transgénicos, claramente tenemos que hablar de un modelo de concentración. La llegada de los paquetes tecnológicos, que plantean una relación de semilla con un gen que le confiere resistencia a un pesticida y el pesticida en sí mismo, significó y significa una exclusión de los pequeños y medianos productores que no pueden costear los precios internacionales de los insumos químicos, que se deben aplicar cada vez en mayor medida por el desarrollo de malezas resistentes. Esto lleva a endeudar a los campesinos que se ven perjudicados por el aumento de los precios de los agroquímicos, mientras que su ingreso depende de los precios cambiantes de la producción que se ve afectada por variables como el clima, y el valor de los commodities. Esto lleva a que los pequeños y medianos productores deban abandonar sus campos ahogados por las deudas haciendo que se muden a las periferias de las ciudades en asentamientos precarios generando una concentración poblacional en estas zonas. Los campos despoblados, a su vez, son comprados por los grandes terratenientes que suman así nuevas tierras y aumentan su poder concentrado. 


Si hablamos de concentración, no podemos dejar de mencionar a las empresas de agroinsumos, las cuales antes eran 6 y, actualmente, se han fusionado dejando el 90% del mercado en manos de 4 empresas como son Bayer-Monsanto y Syngenta-Chemchina, entre otras. Todos los cultivos y sus pesticidas correspondientes tienen patentes, es decir, que son privados. Antiguamente los agricultores guardaban sus semillas para el próximo ciclo productivo, sin embargo hoy los insumos son patrimonio de unos pocos. Estas empresas cada vez más concentradas, son las que financian además las investigaciones nacionales y de algunas universidades, dificultando los estudios imparciales y dirigiendo las líneas de investigación en base a sus intereses. En el caso del trigo HB4 la empresa comercializadora es Bioceres, una empresa publico privada argentina, con colaboración del CONICET.


Volviendo al impacto de la agricultura extensiva con el uso del “paquete tecnológico”, este modelo plantea un campo sin campesinos, esto significa que un terreno que antes debía ser trabajado por muchas personas ahora, con una simple avioneta o con unas pocas personas que pulvericen los cultivos, el trabajo en el campo ya está terminado. Este sistema deja afuera miles de personas, en un país en el cual la tasa de pobreza es del 37,3%.


Por último, pero no menos importante, el impacto económico que tendría la implantación del trigo HB4 a primera vista se podría decir que sería positivo, dado que aumentaría la zona donde se podría cultivar ya que esta variedad de trigo resistirá zonas de mayor sequía, e incluso aumentaría su rendimiento. Sin embargo, también debe atenderse a que el Trigo, al igual que la Soja o el Maíz, son commodities y, en el caso del trigo, el principal comprador de Argentina en el mercado internacional es Brasil, con el 45%. Desde el país vecino el año pasado se ha aprobado la comercialización de la harina de trigo transgénico, pero no de la semilla. Este es un punto que despierta opiniones encontrados en los productores locales que temen perder mercados como se menciona desde Sociedad Rural Argentina, además se temen eventos de contaminación donde se mezclen las variedades de trigo convencional y de trigo HB4.