La invasión rusa a Ucrania y el fin de la era fósil

Juan Carlos Villalonga, ambientalista. Diputado Nacional (2015-2019)

Por Cali Villalonga – A raíz de la tragedia ocasionada por la invasión de Rusia a Ucrania se han venido produciendo una serie de hechos relevantes en materia política y económica. En este caso, quiero destacar algunos que me parece serán determinantes para la política global, en particular, para la política climática.

A partir de ahora, seguramente, veremos un fortalecimiento del bloque de la Unión Europea y, a su vez, un mayor desarrollo de los intereses comunes entre ésta y los EE. UU. Esta Alianza Atlántica no sólo fortalecerá su faz defensiva vía la OTAN, también lo hará económicamente.  

Alemania será quien particularmente impulse este alineamiento atlántico, tanto en lo defensivo como en lo político y climático. En ese sentido, la ministra de Exteriores de Alemania, Annalena Baerbock, definió a la OTAN como el «pilar indispensable» de la seguridad en Europa y comprometió a su país a reforzarla.

En este marco, y en relación con la geopolítica de la energía, me gustaría hacer algunas consideraciones. Primero, esta no es una guerra ni promovida ni alimentada por el petróleo, como algunos han dicho. La energía constituye la base de la economía y más del 80% de la misma proviene de hidrocarburos, por ende, es bastante obvio que todo conflicto estará inserto en una red de vínculos fósiles globales. Esto no traza, necesariamente, una relación de causa y efecto.

Segundo, Europa compra una cantidad muy importante de gas a Rusia, así como también de Argelia. Este consumo resulta esencial en el corto y mediano plazo para asegurar un acelerado cierre de plantas de carbón debido a las estrategias de reducción de emisiones por el cambio climático. A raíz de esto, algunas voces han acusado a Europa de «alimentar» a Rusia por comprarle combustibles fósiles. Esta acusación no tiene sentido. Si un país no tiene recursos propios debe salir al mercado internacional a comprarlos, y el gas tradicionalmente se compra vía gasoducto. Por mi parte, rechazo la maniobra de intentar poner en Europa el «pecado» de origen.

El comercio ha sido a lo largo de la historia un factor ordenador de los vínculos entre naciones y ha contribuido a bajar tensiones, aunque, claramente, no las elimina. Suelen ser los «enemigos del comercio» (en términos de Antonio Escohotado) quienes intentan culpar a Europa. Por el contrario, cortar el comercio o generar sanciones económicas preventivas seguramente hubiera acelerado el deterioro del vínculo entre Rusia y Europa. Estaríamos en guerra igual, pero en ese caso acusarían a Europa por un «bloqueo inhumano» que podría haber enojado a Putin. En realidad, lo que nos muestra este conflicto es la fragilidad del suministro y la volatilidad en los precios del comercio internacional de hidrocarburos.

No obstante, es muy probable que el actual conflicto en Ucrania precipite el ingreso en el capítulo final de los combustibles fósiles. En los próximos meses vamos a ver a Europa desplegar las medidas urgentes que Agencia Internacional de Energía ha propuesto para reducir la dependencia del gas ruso. A grandes rasgos, éstas implican, a nivel estructural, la incorporación de más fuentes renovables y mayor eficiencia energética; y a nivel coyuntural, la búsqueda de nuevos proveedores de gas natural licuado.

A mi entender, asistimos a un golpe muy fuerte a la dependencia fósil de los europeos, lo que acelerará el ingreso de las fuentes renovables. Esta situación global, además, adelantará en varios años el camino al hidrógeno verde, ya que se avecina un futuro de gas caro. Claramente, todo esto impactará en el resto del mundo.

En resumen, la invasión rusa obligará a apurar el paso en la dirección de la transición energética. Las alianzas que empiezan a fortalecerse promueven precisamente esa agenda. Todavía resta esperar cómo se moverá China en este contexto.

Por último, algunos actores del sector fósil han señalado a los ecologistas como la causa de la dependencia europea al gas ruso. Nadie como Los Verdes han remarcado esta fragilidad, sumado a señalar históricamente el despilfarro de recursos que significan las plantas nucleares, que han llevado a retrasar la transición energética hacia fuentes renovables.