Tomate Challenge ¿qué hay detrás de esta fruta tan popular?

Por Angeles Rempel

Un desafío simple que nos invita a cuestionarnos ¿es saludable lo que estamos comiendo? ¿cuánto daño le hacemos al planeta sin siquiera darnos cuenta cuando consumimos un tomate del súper? Entendamos el #tomatechallenge

En este desafío Greenpeace, en la voz del chef Damián Betular, nos invita simplemente a probar un tomate. Uno “común”, ese que encontrás en cualquier supermercado. La idea es que lo comas solo, sin condimentarlo para apreciar bien su sabor, o el que le falta… En el video disponible en www.tomatechallenge.org Betular argumenta que estos tomates producidos bajo el modelo agroindustrial están llenos de agua y resultan totalmente insípidos. Le adjudica la falta de sabor al uso de agrotóxicos implementados en su elaboración, pero ¿es sólo eso?

El camino del tomate agroindustrial

Los tomates que se consiguen todo el año en el Mercado Central suelen ser producidos en grandes establecimientos donde se abusa del uso de insumos externos:

  • en temporadas frías los invernaderos deben ser calefaccionados para que los frutos logren aumentar su tamaño
  • se emplean insecticidas químicos para controlar posibles plagas
  • se incorporan constantemente fertilizantes sintéticos para nutrir el suelo e incrementar el rendimiento de la planta
En las grandes producciones tomateras prima la homogeneidad

Lo que se busca en este método de producción es obtener la mayor cantidad de tomates grandes en el menor tiempo y de la forma más simple posible. Por eso se utilizan semillas con información genética similar para que el producto sea más homogéneo, no sólo de aspecto sino en la forma en la que responde a la adición de todos estos insumos.

Ahora bien ¿por qué no tiene sabor?

Para simplificar su comercialización (bastante compleja si pensamos que lamentablemente no solemos abastecernos de verduras locales) los tomates son cosechados “antes de tiempo”. Esto significa que son sacados de la planta sin llegar a madurar completamente. Y para que en el supermercado los veas divinos fueron refrigerados todo el viaje para ralentizar esa maduración.

¿Qué obtenemos? Tomates todos iguales que fueron congelados, descongelados, con residuos de agroquímicos y que no llegaron a madurar para poder ser insertados en el circuito comercial. En definitiva, un tomate insípido que puede estar portando veneno.

Damián Betular muestra en el Challenge un tomate de producción agroindustrial: «repleto de agua y sin sabor»

Si te ponés a pensar, es muchísima la materia y energía que se utilizó para que pudieras comerte ese tomate en pleno invierno. Un tomate que ni siquiera es sabroso… y esto se aplica a todas las hortalizas.

Entonces ¿qué podemos hacer para consumir frutas y verduras sanas y sabrosas?

La opción agroecológica

Por un lado, podemos elegir comprar bolsones agroecológicos. La Unión de Trabajadores de la Tierra nuclea pequeños productores que se encuentran en transición agroecológica y nos facilitan el viaje hasta las chacras. En esos bolsones es muy poco probable que te llegue un tomate en invierno porque solo se producen frutas y verduras de estación.

Para hacértela fácil, aca te compartimos algunos bolsones a los que podés recurrir para empezar a comprar agroecológico. En capital federal podés recurrir a Almacenata, la UTT, el Bolsón soberano. En zona norte trabaja la cooperativa Amaranto y en el sur a La Minga

Pero hoy en día es tan sencillo como poner “bolsón…” en el buscador de Instagram y sobran las opciones para hacer los pedidos.

Ahora bien, también podemos comenzar a tener nuestras propias producciones en casa. El tomate es una fruta tan noble que hasta puede crecer perfectamente en macetas. Lo que necesita es sol, al menos 4 horas.

La huerta agroecológica esconde en su complejidad una gran resiliencia y salud

Tips para sembrar tomate de forma agroecológica en casa

Para empezar: la semilla. Podés encontrarla en cualquier vivero, pero si abris un tomate y te gustó su sabor tranquilamente podés separar sus semillas dejándolas secar en un papel absorbente.

Este es el mejor momento para sembrar. Entre agosto y enero tenemos loe meses óptimos. La recomendación es que siembres de forma escalonada, un mes algunas semillas y otras al mes siguiente. De esa manera la cosecha también será escalonada y no madurarán todos los tomates juntos.

Una vez que tu plantín tenga dos hojas fuertes y desarrolladas podés pasarlo a la tierra o a una maceta más grande. Como mínima esta debe tener 30 cm de profundidad. Es clave que apocopes la base de la planta (o sea, que cubras con compost la zona para favorecer el crecimiento de más raíces).

Una vez que la planta superó los 20 cm vas a tener que ir eliminando las ramificaciones para que la planta concentre su energía. Esos pueden ser gajos que podés enterrar y generar nuevas plántulas. Entre cada una debe circular el aire, esto ayuda a prevenir posibles plagas. ¡no te olvides de incorporar un tutor! Los tomates necesitan apoyarse en alguna superficie.

Todos conocemos al tomate pero pocos hemos visto su flor ¡es momento de que hagas la prueba!

Por último, es muy importante que tus tomates no estén solos. La agroecología trabaja con las interacciones entre especies para garantizar la sanidad y productividad. Así que incorporá algunos copetes cerca para atraer polinizadores y garantiza que esas flores tomateras se transformen en frutos. Y como prevención unas albahacas para ahuyentar una de las plagas más temidas por los tomates: la chinche verde.

¿viste todo lo que había detrás de los tomates? Es hora de apostar a un consumo local, más sano, nutritivo y libres de químicos.