Continúan los cuestionamientos al Trigo HB4 transgénico

Por Angeles Rempel

Desde 1996 se siembran en Argentina cultivos genéticamente modificados. El trigo se suma a la soja, el algodón y el maíz para reforzar el modelo agroindustrial adoptado por nuestra nación. Un modelo que viene arrasando con miles de hectáreas de bosques y pastizales nativos, contaminando nuestras aguas y platos y desplazando campesinos y comunidades originarias de sus tierras ancestrales. En esta nota repasaremos el devenir del trigo HB4 y los distintos cuestionamientos surgidos por su aprobación ¿es el modelo productivo o la tecnología?

El trigo HB4 es un producto “made in Argentina”. Desde hace más de 15 años el equipo de trabajo liderado por la investigadora del CONICET-UNL Raquel Chan viene desarrollando esta nueva semilla.

Semilla que en 2016 había recibido el visto bueno del Servicio Nacional de Sanidad Agroalimentaria (SENASA) y en 2018 de la Comisión Nacional de Biotecnología (Conabia) fue finalmente aprobada por el gobierno nacional en octubre del 2020.

Nada hubiera sido posible sin la inversión de INDEAR, empresa compuesta por la privada Bioceres y CONICET.

¿Qué tiene de especial esta nueva semilla transgénica?

La transgénesis ocurre cuando, en el genoma de un organismo, se incorpora material genético que pertenece a otra especie no relacionada. Este mecanismo se ha observado en la naturaleza: por ejemplo, la batata que se cultiva para consumo humano contiene información genética de dos bacterias distintas producto de la evolución de la especie. Los científicos han evidenciado esos casos y lo han incorporado para desarrollar nuevas biotecnologías en laboratorios.

En el caso del trigo HB4, extrajeron del girasol un gen que activa una proteína muy valiosa. Cuando esta se expresa en el trigo, se activan muchos genes que le otorgan a la planta una gran tolerancia a las sequías. En un contexto de cambio climático, donde los períodos sin precipitaciones son cada vez más variables y extremos, el uso eficiente del agua en un cultivo puede ser crucial.

Sin embargo, este no fue el único gen incorporado al trigo HB4. También se incorporó un gen que le otorga a la planta la resistencia al herbicida Glufosinato de amonio. Por ende, las dos características (resistencia a sequías y al herbicida) se incorporaron juntas a la semilla.

El trigo HB4 es el primer trigo transgénico del mundo

La aprobación de esta nueva semilla generó múltiples debates. Por un lado, están quienes consideran a la transgénesis una solución a numerosos problemas que atraviesa la producción agropecuaria, pero critican la implementación del paquete tecnológico completo por el uso indiscriminado de agroquímicos. Luego, están quienes se oponen a la transgénesis en sí, viéndola como práctica indisociable del modelo productivo extractivista actual. Y por otro lado, están aquellos que aprueban el uso de semillas genéticamente modificadas con todos complementos, pero se oponen puntualmente a la implementación del trigo HB4 ¿por qué? Esta semilla no ha sido aprobada en muchos países del mundo. La opinión que más interesa es la de nuestro país vecino Brasil, a dónde viajan el 40% de las exportaciones de trigo.

Semilla sí, herbicida no

Múltiples genetistas vienen sosteniendo que la implementación de semillas genéticamente modificadas serán claves en los próximos años de cara a escenarios con eventos extremos. El cambio climático, en el que todo tiene que ver la acción humana, acerva los períodos de sequía o exceso de agua, olas de calor o heladas tempranas. Cultivos resistentes a dichas anomalías climáticas pueden garantizar la cosecha.

Pero también garantizan que un buen uso de las semillas podría disminuir la aplicación de agroquímicos. Es el caso del maíz Bt, cultivo transgénico resistente al ataque del insecto popularmente conocido como “barrenador del tallo”. Se sostiene que gracias a esta característica el uso de insecticidas disminuyó en gran medida.

Sin embargo, suele suceder que de la mano de la incorporación de un gen de resistencia a una característica ambienta o a un insecto, viene un gen tolerante a la aplicación de un herbicida. Porque ahí está el negocio, vender el paquete tecnológico completo: semilla, herbicida, maquinaria… En parte esto motiva la financiación que permite el desarrollo tecnológico de la nueva semilla.

“Gran parte del éxito de estos cultivos tiene que ver con su resistencia a herbicidas, lo cual es el negocio de las empresas que los venden. Y así la imagen del transgénico está muy unida al uso de agroquímicos, especialmente del glifosato, que hoy es muy intensamente utilizado y se ha convertido en un problema de contaminación. Entonces, una tecnología como la transgénesis, que tiene alta potencialidad, se convirtió en una tecnología con mucha crítica” (…) “Los cultivos transgénicos tienen un potencial que, actualmente, no es aprovechado. Y esto en parte se debe a que su desarrollo se concentra en un puñado de grandes empresas que además de comercializar semillas venden los agroquímicos.” Declaró Gustavo Schrauf, docente de la cátedra de Genética la Facultad de Agronomía de la UBA en el portal de noticias de la universidad.

Van de la mano

Luego de la aprobación de la semilla el ejecutivo recibió una carta firmada por más de 1000 científicos, muchos pertenecientes a CONICET e INTA, en la que expresaban su descontento por la aprobación de la semilla viendo a la transgénesis como parte indisociable del modelo productivo: “El actual modelo hegemónico de la agroindustria concentra capital, profundiza la desigualdad económica y social, genera el deterioro de la salud de las comunidades y de los ecosistemas y acelera la pérdida de biodiversidad, amenazando la seguridad alimentaria y dejando a su paso territorios devastados ambiental y socialmente”.

Una de las principales preocupaciones es el uso masivo de glufosinato de amonio, un producto 15 veces más tóxico que el glifosato. Prohibido en muchos países por su toxicidad aguda y sus efectos neurotóxicos, genotóxicos y alteradores de la colinesterasa (enzima crucial para la transmisión nerviosa).

Para muchos de estos expertos será muy difícil saber si el plato que servimos en casa no posee residuos de este herbicida, ya que los controles de los organismos responsables son deficientes o nulos.

Semillas sin mercado

Otra preocupación creciente es la falta de mercado internacional para este nuevo trigo. Brasil importa el 80% del trigo consumido de Argentina y aun no aprobó esta nueva semilla. La Federación de acopiadores, pese a no oponerse al uso de OGM ni de herbicidas, se manifestó explícitamente en contra de su implementación. Muchos temen que la contaminación de las semillas actualmente implementadas con las nuevas cierre puertas a la hora de exportar.

No solo se ponen en riesgo las exportaciones de trigo y harina, sino también de pellets, almidón, gluten, panificados, fideos y todos los productos del segundo procesamiento

Lo interesante es que pese a que la dieta argentina de basa fundamentalmente en el trigo, la aprobación e implementación de la semilla HB4 no es un tema que haya tenido gran repercusión en los medios masivos de comunicación. Y será difícil saber si el próximo pan que consumamos será producido con esta semilla dado que no existe una señalización que indique si los productos fueron elaborados con transgénicos. ¿Será esa la próxima etiqueta por la que luchar?