Los santuarios del confusionismo

Claudio Bertonatti. Museólogo, naturalista y docente. Fundación Azara

En términos generales, la Real Academia Española (RAE) define “santuario” como: “Tesoro de dinero o de objetos preciosos que se guarda en un lugar” (sic). Aplica para esta definición, por ejemplo, el Santuario de la Virgen de Luján. En “Biología de la Conservación”, un “santuario” es un tipo de área natural protegida, similar a una “reserva natural estricta” (Primack et al., 2001), como el dedicado al Cauquén Colorado en el sur de la Provincia de Buenos Aires.

En el “confusionismo” (con «s», que, desde luego, nada tiene que ver con la sabiduría de Confucio), “santuario” se usa para hacer referencia a establecimientos que mantienen fauna en cautiverio, en general, de especies que pertenecen un mismo grupo taxonómico (felinos, úrsidos, aves). Voluntaria o involuntariamente, algunas personas interpretan que los animales están en libertad o estado silvestre, lo que no ocurre, desde luego, a no ser que, verdaderamente, están en áreas naturales protegidas reconocidas como tales. El uso de “santuario”, entonces, para referir a los mencionados establecimientos zoológicos es tan incorrecto como el de “ecoparque”, que si bien la Argentina lo aplicó -por parecer pintoresco o amigable a la dirigencia política- históricamente se usó para denominar así a los centros de acopio, tratamiento o reciclado de residuos. Por lo tanto, es un nombre infeliz para bautizar a las instituciones zoológicas que transitan su transformación hacia auténticos centros de conservación de la naturaleza, donde se pondera el bienestar animal, la educación ambiental, la generación de conocimientos científicos y los programas de conservación de especies y ecosistemas.

No faltan las autoridades de los ecoparques zoológicos que derivan sus animales anunciando que el destino es un “santuario”. Normalmente, no hacen un uso inocente del error. Saben que muchas personas -en su inocencia- creerán que se los libera en la naturaleza y no en un recinto, por grande que sea. Porque hasta es común que refuercen la mentira diciendo que fueron “liberados” en esos santuarios. Sí, son liberados porque en algún momento tienen que abrir la puerta de la jaula o caja de transporte para que conozcan su nuevo recinto. Es así como hasta los periodistas terminan siendo víctimas del “confusionismo” que los animalistas fundamentalistas celebran para reforzar sus posiciones y reclutar adeptos desinformados, recaudar fondos o posicionarse mediáticamente.

¿Qué más quisiéramos que este anhelo de libertad fuera tan fácil, viable y veraz? Pero la realidad es otra: los “confusionistas” la conocen y en ellos prima “sacarse de encima” a los animales que complejizan la gestión e incrementan sus costos operativos (alimentos, atención médica, cuidadores, enriquecimiento ambiental y otras técnicas de bienestar, seguridad, limpieza, programas de educación, ciencia y conservación, etc.). A la vez, mantenerlos, exige conocimientos en distintas materias. Sabemos que en el mundo de la política el saber está subvaluado. Bastaría revisar las designaciones de los directores de estas instituciones para corroborarlo.

Afortunadamente, puertas adentro del Parque de la Biodiversidad (ex Zoo de Córdoba) todo esto está claro. Sus técnicos saben que no se creará un santuario para osos, sino que parte de la transformación que transita la centenaria institución incluye la remodelación o creación de recintos que brinden a los animales las condiciones de bienestar que la concesión privada no supo darle. Ese es el plan para los pobres osos pardos, pese a lo anunciado por algunos medios. Mucho más fácil hubiera sido “sacárselos de encima” y derivarlos a un “santuario” para que la gente crea algo falso como ha sido hasta ahora con casi todas las derivaciones de los ecoparques de Buenos Aires, La Plata y Mendoza.

Bibliografía recomendada:

Primack, R.; Rozzi, R.; Feinsinger, P.; Dirzo, R. & F. Massardo. 2001. Fundamentos de conservación biológica. Perspectivas latinoamericanas. Fondo de Cultura Económica, México, 670 págs.