Areas protegidas

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El mono caí describe la salud de la selva misionea

Por Angeles Rempel

La deforestación avanza a velocidades despiadadas en el norte de nuestro país afectando incontables especies. Victoria Martinez de Zorzi nos presenta al sorprendente mono caí y comenta los impactos que le produce la fragmentación de la selva misionera.

Quien no se ha cruzado con un mono caí (Sapajus nigritus) si visitó las Cataratas del Iguazú. Son animales sorprendentes, extremadamente sociales de los que se sabe mucho, pero queda aún más por aprender. Victoria Martinez de Zorzi es Lic. En Ciencias Ambientales y becaria Conicet en el Instituto de Biología Subtropical. Oriunda de Buenos Aires se instaló en Puerto Iguazú para estudiar los efectos de la fragmentación de la selva misionera en la especie.

“El mono caí es considerado el primate de America Latina más inteligente por varias razones. Además del pulgar oponible que les permite el uso de herramientas ellos presentan una memoria espacial y temporal para la localización de los recursos. Ellos saben dónde está la oferta, de qué recursos y en qué momento. Hoy domingo vamos a tal supermercado porque hay oferta en bichos y mañana vamos al almacén de la esquina que hay 3×2 en tal fruta”. El mono caí es omnívoro y además de gran variedad de vegetales se alimenta de insectos controlando la población de potenciales plagas, una función fundamental en los ecosistemas.

«Son animales increíblemente carismáticos y sociales. Dependen de los otros para sobrevivir»

El desplazamiento del caí se da dependiendo de la oferta de recursos, pero no se mueven solos. “Esta especié es polígama y vive en grupos. Son seres muy sociales y tienen una jerarquía y estructura espacial muy marcada. Hay un macho alfa que por lo general va atrás del grupo con los más débiles: veteranos y juveniles curiosos. En el núcleo se centran las madres, las crías recién nacidas y las embarazadas y en las partes más esféricas están los machos soldados que van cuidando. Cuando los machos alcanzan una madurez sexual abandonan el grupo” explica Victoria.

La cantidad de individuos que conforman el grupo es variable y se encuentra relacionado con otro mecanismo de defensa desarrollado por estos primates: el patrón fusión-fusión. “En esta especie está muy presente y más con los individuos con los que trabajo que son especies silvestres que están en contacto con las chacras y la fragmentación. Estos monos por lo general forman grupos de 60 – 50 individuos, pero para evitar depredación o riesgo a disparos por los productores se subdividen en grupos de 20”. Al ser menos disminuyen la probabilidad de ser vistos y agilizan el escape en caso de ser atacados, para luego volver a juntarse. Los grupos pueden desplazarse más de 3 km por día llevando consigo frutos o polen en sus vellos facilitando la dispersión de semillas y la polinización.

La última característica que vuelve tan increíble a esta especie es el mecanismo de alloparents “Básicamente ellos viven en función del otro. Cuando nacen las crías el primer mes están sobre el pecho de la madre y después pasan a la parte dorsal. A los tres meses las mamas los bajan a las ramas para que el bebé aprenda a caminar y a andar por sí solo. Mientras ella se alimenta el bebé está atrás, pero cómo son seres sociales otras mamás se ocupan de cuidarlo mientras la madre biológica se está alimentando”. Esta estrategia la comparten muchos primates donde el cuidado de las crías es compartido, inclusive con los machos, ya que el cuidado parental es muy intenso. “Poder estar en el campo y observar este tipo de comportamiento es muy hermoso” confiesa Victoria.

Estudiar al caí para evidenciar los efectos de la fragmentación

En su doctorado Victoria busca analizar las consecuencias de la deforestación, con la consecuente fragmentación y pérdida del hábitat, en la estructura poblacional y genética de los monos caí. Para ello muestrea a los grupos de monos en dos ambientes:

  • El Parque Nacional Iguazú: mantiene unas 500 ha de selva continua donde lo monos han quedado aglomerados
  • El Corredor Biológico: presenta un mosaico de bosque remanente con chacras productivas, donde los monos pueden desplazarse, pero sometiéndose a severos peligros.
victoria muestreando en el corredor biológico para realiza futuros análisis genéticos

En cada campaña de muestreo se recolectan datos como el tamaño del grupo, cómo están compuestos, cuál es su comportamiento. También se recolecta materia fecal para hacer estudios de variabilidad genética. Muestrear no es tarea sencilla y victoria nos explica: “En la parte de acostumbramiento vos tenés que actuar como un primate, para que vean que sos inofensivo y te comportas igual que ellos. Me pasó con un grupo que se estaba alimentando de un mangal y cuando llegué se asustaron y se fueron. Entonces yo agarré, me senté, me puse a jugar con ramitas y comer mango y cuando vieron que yo estaba haciendo lo que ellos hacían volvieron. Yo les tiraba ramitas y ellos me tiraban a mí. Fue toda una interacción con el mundo silvestre muy graciosa”.

Otras amenazas

Además de la pérdida y fragmentación de hábitat otras amenazas que atraviesa la especie son la caza furtiva y el tráfico ilegal de animales: “Son animales muy hermosos y carismáticos, por eso tremendamente susceptibles al tráfico ilegal. Pero también son considerados plagas agroforestales ya que al no tener sus casas originales aparecen, por ejemplo, en plantaciones de pino. Ellos van y hacen varios estragos en las cortezas comiéndolas, pero es porque queda tan poco bosque natural… En el corredor se ve mucho porque la selva está interrumpida por las chacras y este año por la sequía la fructificación está atrasada. Entonces es frecuente encontrar monos dentro de las chacras comiendo mazorcas u otros cultivos. Allí están muy expuestos a los disparos de los productores” comenta Victoria.

La importancia de la Educación Ambiental

El compromiso de los investigadores se evidencia en la dedicación con la que desarrollan tareas de difusión, diálogo y educación ambiental en la zona: “estamos yendo mucho a las chacras donde se está viendo mucho a los monos. Por lo general son chacras con familias que históricamente fueron cazadores o que en realidad ven a la fauna silvestre como una amenaza para sus cultivos. Para comenzar a entrar a muestrear hubo todo un proceso de trabajo con estas familias con el fin de que conozcan nuestra investigación y entren en confianza. Ahora hay una interacción muy positiva con la comunidad local y puede percibirse un cambio. Muchas familias comprendieron que en realidad los bichos están en sus chacras porque los humanos les sacamos sus casas. Sin embargo, es fundamental reforzar las campañas de educación ambiental”.

«Trabajar en el monte es una experiencia increíble. Y necesitamos que el monte siga en pie»