Humanos y caballos: una conexión potente e influyente

 

La conexión que se establece entre hombre y animal es rápida y muy potente. Nuestro sistema emocional, el sistema límbico, es un sistema abierto. Este se adapta e interactúa con el medio, dependiendo de él. Todo lo que nos rodea nos influye. Mirá a Federico en este video con ellos.

En el caballo ocurre igual, pero con la gran diferencia del efecto multiplicador de su potentísimo e hiperdesarrollado sistema emocional y perceptivo que éste posee. Muy superior al nuestro y que, por su magnitud, nos hace de amplificador.

No altera esta conexión, por nuestra parte, el hecho de que nosotros, los seres humanos, seamos cazadores por naturaleza, mientras el caballo es un animal de presa. El humano cazador siempre tiene un objetivo. Y busca lograrlo por pura programación genética. Si no caza a su “presa” (alcanza su objetivo), pone en riesgo su subsistencia. Así, siempre tenemos un objetivo cuando nos acercamos al caballo. Éste puede ser sentir, sanar, aprender, domarlo, montarlo, etc.

En esta conexión de la que hablamos si es muy determinante, y afecta de manera importante en ella, la gran capacidad de percepción del entorno que tiene el caballo y que ha adquirido por su evolución. Ésta se centra y abarca todo lo que le rodea, toda “la pradera”. Pues para subsistir y evitar ser cazado el caballo ha multiplicado y potenciado sus sistemas de alerta.

Sin duda ésta es una de las claves del efecto que sobre nosotros tiene la presencia y cercanía del caballo: La amplitud de su sistema emocional y perceptivo. Otra es la sorpresa que nos supone el hecho de que nos acerquemos a él con un objetivo concreto y a cambio obtengamos un regalo de tanta amplitud. Buscamos simplemente saciar o cumplir un objetivo y éste, en cambio, nos va a hecer la devolución de mostrarnos “toda la pradera”.