Biodiversidad

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Pesca ilegal: la depredación en el Mar Argentino no se detiene

Por Milko Schwatrzmann

La pesca INDNR – Ilegal, No Declarada y No Regulada- es un grave problema aún sin resolver en aguas jurisdiccionales marinas y más allá de la Zona Económica Exclusiva de Argentina. Sólo cinco naciones capturan el 80% de la pesca en aguas internacionales y muchas veces utilizan mano de obra esclava, no cumplen con ninguna norma ambiental, laboral, sanitaria, ni de seguridad en la navegación.

«¡Otra vez capturaron un chino..! ¡Se quiso escapar y lo frenaron a los tiros! ¡Prefectura héroes!»Suele ser la frase repetida cada año cuando se difunde en los medios de comunicación una persecución en alta mar que supera cualquier producción hollywoodense como la que ocurrió esta semana con un pesquero de bandera china.Casi regularmente se captura a uno o varios pesqueros piratas, un año un chino, otro un coreano, como en 2019, otro un español, como en 2018, otro un taiwanés, de vez en cuando dos chinos, o no se captura porque media docena de pesqueros chinos atacaron al barco de Prefectura, como en 2018.Luego de 20 años de seguimiento del fenómeno de la pesca furtiva en el Atlántico Sudoccidental, y unos 8 años de investigación con detalle casi obsesivo y registro de cada barco que opera en la zona, su prontuario, algunos de sus recorridos, y toda la información disponible, se pueden observar algunos datos:

La composición de la flota, por su estado de bandera, se puede estimar en un 45% de barcos de China, 20% de Taiwán, 18% de Corea del Sur, y 17% de España; además de unos 15-20 barcos de reaprovisionamiento y/o bodega congelada, llamados ‘reefers’, que en su mayoría son embanderados en Panamá.

La mayoría son poteros que capturan calamar (Illex argentinus), y el resto diferentes especies como merluza de cola, merluza común, abadejo, polaca, y en algunos casos cualquier otra especie, como tiburones y rayas. Todo esto sin contar lo que se denomina captura incidental que son los miles de animales que mueren en las artes de pesca, como delfines, pingüinos, albatros, tortugas, etc.Estas embarcaciones utilizan mano de obra esclava, esclava de esclavitud, como el caso de un pesquero chino que operaba desde Montevideo donde los tripulantes estaban encadenados por sus tobillos.Tampoco cumplen con ninguna norma ambiental, laboral, sanitaria, ni de seguridad a la navegación.

Los subsidios a la pesca destructiva e INDNR

De acuerdo con estudios publicados en 2018, la mayoría de estas embarcaciones sólo pueden operar debido a tres tipos de subsidios: económicos directos e indirectos de su estado de bandera, utilizar mano de obra esclava, y evadir controles ambientales, sanitarios y de seguridad a la navegación.

La Organización Mundial del Comercio (OMC)  tiene el mandato de la ONU de prohibir los subsidios a la pesca destructiva e Ilegal, No Declarada y No Reglamentada (INDNR) para el 2020, de lograrse esto, impactaría directamente en esta flota. El principal opositor a esto es… China.

Los estados de bandera subsidian a estas empresas, para que puedan dirigirse a otras regiones del planeta a depredar recursos que han agotado o que están al límite de explotación cerca de sus costas, como el caso de la Unión Europea; en otros casos los Estados, hasta son dueños de los barcos, como muchos de los chinos.

En resumen, estas embarcaciones violan la soberanía de otros estados y destruyen el ecosistema marino bajo la plena conducción de sus estados de bandera: son agresiones provocadas de Estado a Estado, explícitamente.

Lo pescado es blanqueado en puertos con controles laxos o inexistentes, y luego colocado en el mercado a precios muy bajos, una competencia desleal, que daña severamente a la industria y las fuentes de trabajo de los que cumple con las normas.

La porción del precio que la pesca furtiva no paga, la paga el medioambiente marino y los tripulantes que pierden la vida o son amputados a bordo.

El hecho de que descarguen en puertos sin controles, que transfieran a los reefers en alta mar y que no tengan observadores a bordo, hace que sea casi imposible la trazabilidad.

Los impactos reales y las soluciones de fondo

Los impactos reales, económicos y ambientales, de que un pesquero furtivo faene en la milla 199 o la 201 son los mismos, aunque los jurídicos no lo sean.

Esto significa que el problema no está supeditado solamente a si lo hacen de un lado u otro de una línea imaginaria, el problema es la existencia de esa flota cuya única regla es pescar hasta que se terminen los peces y luego migrar a otra región.

Asimismo, en el hipotético, e imposible, caso futuro de que nunca más estas embarcaciones ingresaran ilegalmente al Mar Argentino, su impacto sobre el ecosistema marino y los recursos nacionales, el empleo y la industria, seguiría existiendo.

Por estos dos aspectos queda demostrado que la solución al problema no es sólo que no ingresen a la ZEE, sino que se reduzca completamente esta flota altamente nociva para el ambiente, los Derechos Humanos y la economía.

El ecosistema del Atlántico Sur y la soberanía de argentina en la ZEE deben ser defendidas no solo en el terreno, arriesgando la vida de los integrantes de las fuerzas de seguridad y destinando millones en la imprescindible vigilancia permanente; sino también mediante planteos sólidos, superadores y osados ante organismos y convenciones internacionales, lo cual corresponde a los ámbitos diplomáticos, los que requieren una fuerte voluntad política.

Que sólo cinco naciones capturen el 80% de la pesca en aguas internacionales, facilita el hecho de conseguir aliados, ya que los afectados se cuentan entre cientos. Estudios recientes han demostrado que en caso de prohibirse la pesca en alta mar, se verían beneficiados más de un centenar de países costeros, y sólo unos pocos países ricos perderían sus privilegios.

Ninguno de los cuatro estados cuyas acciones descaradamente agreden el ambiente y la soberanía en el Atlántico Sur permitirían siquiera el intento de que una embarcación argentina osase hacer lo mismo en su mar. Es momento de que la sumisión se reemplace por un trato de respeto, de igual a igual.

Casi regularmente se captura a uno o varios pesqueros piratas, un año un chino, otro un coreano, como en 2019, otro un español, como en 2018, otro un taiwanés, de vez en cuando dos chinos, o no se captura porque media docena de pesqueros chinos atacaron al barco de Prefectura, como en 2018.

Luego de 20 años de seguimiento del fenómeno de la pesca furtiva en el Atlántico Sudoccidental, y unos 8 años de investigación con detalle casi obsesivo y registro de cada barco que opera en la zona, su prontuario, algunos de sus recorridos, y toda la información disponible, se pueden observar algunos datos:

La composición de la flota, por su estado de bandera, se puede estimar en un 45% de barcos de China, 20% de Taiwán, 18% de Corea del Sur, y 17% de España; además de unos 15-20 barcos de reaprovisionamiento y/o bodega congelada, llamados ‘reefers’, que en su mayoría son embanderados en Panamá.

La mayoría son poteros que capturan calamar (Illex argentinus), y el resto diferentes especies como merluza de cola, merluza común, abadejo, polaca, y en algunos casos cualquier otra especie, como tiburones y rayas. Todo esto sin contar lo que se denomina captura incidental que son los miles de animales que mueren en las artes de pesca, como delfines, pingüinos, albatros, tortugas, etc.

Estas embarcaciones utilizan mano de obra esclava, esclava de esclavitud, como el caso de un pesquero chino que operaba desde Montevideo donde los tripulantes estaban encadenados por sus tobillos.

Tampoco cumplen con ninguna norma ambiental, laboral, sanitaria, ni de seguridad a la navegación.

Los subsidios a la pesca destructiva e INDNR

De acuerdo con estudios publicados en 2018, la mayoría de estas embarcaciones sólo pueden operar debido a tres tipos de subsidios: económicos directos e indirectos de su estado de bandera, utilizar mano de obra esclava, y evadir controles ambientales, sanitarios y de seguridad a la navegación.

La Organización Mundial del Comercio (OMC)  tiene el mandato de la ONU de prohibir los subsidios a la pesca destructiva e Ilegal, No Declarada y No Reglamentada (INDNR) para el 2020, de lograrse esto, impactaría directamente en esta flota. El principal opositor a esto es… China.

Los estados de bandera subsidian a estas empresas, para que puedan dirigirse a otras regiones del planeta a depredar recursos que han agotado o que están al límite de explotación cerca de sus costas, como el caso de la Unión Europea; en otros casos los Estados, hasta son dueños de los barcos, como muchos de los chinos.

En resumen, estas embarcaciones violan la soberanía de otros estados y destruyen el ecosistema marino bajo la plena conducción de sus estados de bandera: son agresiones provocadas de Estado a Estado, explícitamente.

Lo pescado es blanqueado en puertos con controles laxos o inexistentes, y luego colocado en el mercado a precios muy bajos, una competencia desleal, que daña severamente a la industria y las fuentes de trabajo de los que cumple con las normas.

La porción del precio que la pesca furtiva no paga, la paga el medioambiente marino y los tripulantes que pierden la vida o son amputados a bordo.

El hecho de que descarguen en puertos sin controles, que transfieran a los reefers en alta mar y que no tengan observadores a bordo, hace que sea casi imposible la trazabilidad.

Los impactos reales y las soluciones de fondo

Los impactos reales, económicos y ambientales, de que un pesquero furtivo faene en la milla 199 o la 201 son los mismos, aunque los jurídicos no lo sean.

Esto significa que el problema no está supeditado solamente a si lo hacen de un lado u otro de una línea imaginaria, el problema es la existencia de esa flota cuya única regla es pescar hasta que se terminen los peces y luego migrar a otra región.

Asimismo, en el hipotético, e imposible, caso futuro de que nunca más estas embarcaciones ingresaran ilegalmente al Mar Argentino, su impacto sobre el ecosistema marino y los recursos nacionales, el empleo y la industria, seguiría existiendo.

Por estos dos aspectos queda demostrado que la solución al problema no es sólo que no ingresen a la ZEE, sino que se reduzca completamente esta flota altamente nociva para el ambiente, los Derechos Humanos y la economía.

 

El ecosistema del Atlántico Sur y la soberanía de argentina en la ZEE deben ser defendidas no solo en el terreno, arriesgando la vida de los integrantes de las fuerzas de seguridad y destinando millones en la imprescindible vigilancia permanente; sino también mediante planteos sólidos, superadores y osados ante organismos y convenciones internacionales, lo cual corresponde a los ámbitos diplomáticos, los que requieren una fuerte voluntad política.Que sólo cinco naciones capturen el 80% de la pesca en aguas internacionales, facilita el hecho de conseguir aliados, ya que los afectados se cuentan entre cientos. Estudios recientes han demostrado que en caso de prohibirse la pesca en alta mar, se verían beneficiados más de un centenar de países costeros, y sólo unos pocos países ricos perderían sus privilegios.Ninguno de los cuatro estados cuyas acciones descaradamente agreden el ambiente y la soberanía en el Atlántico Sur permitirían siquiera el intento de que una embarcación argentina osase hacer lo mismo en su mar. Es momento de que la sumisión se reemplace por un trato de respeto, de igual a igual.Milko Schvartzman es especialista en Conservación Marina. Integra el Círculo de Políticas AmbientalesFuente. Revista Puertos