Areas protegidas

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Por qué algunos algunos incendios pueden favorecer a la flora y la fauna

Por Lorena Haurigot

El calentamiento global y la actividad humana están alterando sustancialmente los ciclos de incendios naturales, aumentando su periodicidad y su poder destructor. Sin embargo muchas especies de flora y fauna necesitan de incendios periódicos para mantener las condiciones de sus hábitats. Sin embargo para que la naturaleza conserve su resiliencia y mantenga el equilibrio natural de los ecosistemas debemos mitigar el impacto del calentamiento global.

El calentamiento global está dejando su huella con incendios forestales cada vez más frecuentes e intensos.  A pesar de que en general que todos los incendios son destructores y perjudiciales, muchas especies de flora y fauna necesitan de incendios periódicos para mantener las condiciones del hábitat que promuevan poblaciones sanas de vida silvestre. Más aún, ecosistemas completos y muchas especies de plantas y animales no existirían de no ser por los ciclos de incendios.

El impacto del fuego, o la falta del fuego, tiene mucha más influencia sobre la vida silvestre que la mortalidad directa ocasionada por los incendios. Lo  que determina si el efecto es benéfico o no es la frecuencia de los ciclos de fuego y su intensidad y la vida silvestre se ve así “obligada” a hacer uso de todas las estrategias posibles que le permitan sobrevivir a estos eventos.

Sorprendentemente, algunas especies vegetales están muy bien adaptadas para aprovechar los incendios mediante diferentes estrategias. Son conocidas como especies pirófilas, es decir que poseen una relación positiva con el fuego y se benefician de él. Entre las adaptaciones de estas plantas para resistir físicamente al fuego se cuentan cortezas gruesas y raíces profundas que les permiten aguantar un fuego leve a moderado sin daños sustanciales. Las ramas más bajas se caen y las hojas son húmedas y cortas, o difíciles de quemar, como por ejemplo las palmas, pinos y abetos. También pueden generar rebrotes a partir de sus raíces, troncos, ramas y copa después de ser quemadas. Incluso la totalidad de su parte aérea puede llegar a quemarse completamente pero sus raíces son capaces de resistir y rebrotar con fuerza a los pocos días del evento, logrando reconstruir el ecosistema. Es el caso de los eucaliptos.

Otras especies aprovechan el fuego para liberarse de especies competidoras. Entre los pinos, algunos producen resinas o aceites que facilitan su propia combustión y la propagación del fuego. Mientras la planta muere por el incendio, los brotes nuevos crecen en un suelo rico en nutrientes, y con menos competencia. El roble y el álamo pertenecen a este grupo. Hay plantas, conocidas como “sembradoras” ya que si bien la planta también muere, sus frutos o semillas resisten sacando ventaja del fuego que les aporta nutrientes reciclados, más espacio para crecer y menos competencia por recursos como la luz solar, agua y nutrientes.

Las semillas pueden resistir el fuego o pueden ser estimuladas a germinar y algunos frutos dependen del fuego para abrirse y dispersar las semillas. Muchas plantas están dormidas en el suelo hasta que se produce un incendio que les ofrece las condiciones necesarias para brotar. Algunas semillas con cáscara dura requieren de calor para romperse y así poder germinar en un fenómeno conocido como “serotinia”.

El fuego es parte del ciclo vital de algunos ecosistemas, resultando esencial para mantener cierto equilibrio dinámico entre las especies involucradas. En diferentes lugares alrededor del mundo, la perturbación de los ciclos naturales de incendios ha comprometido incluso la supervivencia de especies como las secuoyas de América del Norte, por lo cual muchos científicos están realizando estudios para reintroducir el fuego en estos ecosistemas alterados por el hombre. Los incendios limpian y enriquecen el suelo aportando nutrientes orgánicos del material quemado, a la vez que previenen la propagación de especies invasoras o nocivas para el ecosistema establecido. También crean espacios abiertos que permiten a las plantas jóvenes acceder a recursos y nutrientes, manteniendo e incluso favoreciendo la biodiversidad. Finalmente, el fuego elimina pestes y enfermedades vegetales, ayudando a las plantas a conservar su salud y dominancia en el ecosistema.

En lo que respecta a la fauna silvestre, los animales no resisten las elevadas temperaturas que se experimentan durante un incendio, debido al daño que sufren sus órganos y la inhalación de humo que dificulta la respiración y puede provocar la  muerte por asfixia. Algunas especies tienen mayor probabilidad de sobrevivir que otras. Las especies corredoras y móviles tienen más chances de escapar del fuego, al igual que las aves voladoras o aquellos animales capaces de excavar madrigueras para refugiarse como pequeños mamíferos y reptiles. En cambio, las especies menos móviles o que dependen estrechamente del bosque tienen mayor posibilidad de ser alcanzadas por el fuego. Este es el caso de los koalas por ejemplo, animales de movimientos lentos cuyo instinto es refugiarse en las copas de los árboles, los anfibios y pequeñas lagartijas. Los incendios forestales provocan eventos hambrunas, los animales que logran escapar a tiempo se encuentran sin alimento disponible. Las especies omnívoras tienen una mayor adaptación con la posibilidad de variar su dieta en función de la disponibilidad de alimento, pero aquellos animales especializados como los pandas, que se alimentan principalmente de bambú, son más propensos a sufrir hambrunas y fallecer.

Sin embargo, se ha observado que la fauna silvestre comienza a usar las áreas expuestas al fuego inmediatamente después del incendio, inclusive antes de que se disperse el humo. Estas áreas atraen muchas especies de animales y parecen no tener mucho efecto sobre otras. Una amplia variedad de herbívoros, como los Venados, se acercan por los brotes tiernos de las plantas y de la vegetación herbácea de alto valor nutritivo que crece inmediatamente después de un incendio. La producción de fruta y la disponibilidad de semillas se estimula con el fuego, lo que representa alimento para una gran variedad de animales silvestres que forrajean como pavos y codornices. Muchas especies de aves anidan en huecos de árboles muertos. Otras, en cambio, utilizan nidos ya hechos y dependen de que estos nidos hayan sido abandonados para su éxito reproductivo. Los árboles en descomposición atraen una gran variedad de insectos que sirven de alimento, a su vez, para muchas especies de reptiles y aves que se ven atraídas por las áreas quemadas. El proceso de descomposición también devuelve importantes nutrientes y material orgánico a la tierra manteniendo la calidad y la estructura del hábitat necesarias para la supervivencia de especies como la tortuga de la Florida, la urraca azulejo y el carpintero de cresta roja. Estudios realizados indican que los pumas de Florida prefieren áreas en etapas de recuperación después de incendios más que hábitats con población más densas.

La fauna silvestre tiene una larga relación evolutiva con el fuego, estableciendo interrelaciones ecológicas que se están empezando a conocer. La pérdida de refugios durante un evento de incendio deja expuestos a los animales, y muchos depredadores se ven favorecidos con los incendios, ya que se alimentan de los animales heridos o que huyen. Se han descripto aves como los halcones que son capaces de propagar incendios intencionalmente llevando ramitas encendidas para iniciar incendios en zonas no afectadas y de esta forma exponer a sus presas. Algunos grupos de escarabajos ponen sus huevos en madera recién quemada. Estos insectos, muy poco estudiados, pueden detectar un incendio a kilómetros de distancia por medio de sensores especiales que tienen en sus antenas o en su cuerpo, los cuales captan la presencia de humo y radiación infrarroja. En ausencia del fuego, las condiciones del hábitat cambian, y en consecuencia, la diversidad y la abundancia de la vida silvestre disminuyen.

La intensidad de los eventos de incendios es factor clave. Incendios moderados o leves incluso son beneficiosos, mantienen en equilibrio dinámico de un ecosistema, lo que permite regenerar un bosque en el corto o mediano plazo y promueve una mayor biodiversidad al crear una mayor variedad de ambientes para vivir. Sin embrago, el efecto positivo de los incendios no es general para todos los ecosistemas y los ecosistemas que puedan resultar beneficiados por la aparición de incendios, necesitan un tiempo mínimo para recuperarse. Los incendios potencian la heterogeneidad ambiental y la biodiversidad en ciertos ecosistemas, pero esto no quiere decir que haya siempre una relación directa entre más incendios y más biodiversidad.

A pesar de la resiliencia al fuego que presentan muchas especies vegetales pirófilas, incluso como estrategia de sobrevivencia, las estrechas relaciones que tienen lugar entre la flora y la fauna son necesarias también para mantener el equilibrio. La mayoría de los ecosistemas del planeta ya se encuentran degradados por un impacto directo de la actividad humana. Entre las muchas especies animales en peligro de extinción, se encuentran especies de mamíferos e insectos que brindan servicios ecosistémicos fundamentales como la polinización y la dispersión de las semillas. Incendios devastadores donde existan especies que ya se encuentran en peligro, como los que se observan en forma cada vez más frecuente, pueden provocar la extinción directa de algunas especies animales o vegetales comprometiendo la resiliencia de los ecosistemas y dejado de tener un efecto positivo para convertirse en desastres ambientales que devoran toda la vida animal y vegetal a su paso. El fuego es útil y cumple su rol en el ecosistema, pero en exceso, va destruyendo la biodiversidad.

El calentamiento global y la actividad humana están alterando sustancialmente los ciclos de incendios naturales, aumentando no solo su periodicidad, sino que también su poder destructor. La ecología del fuego es un tema que adquiere cada vez más atención. Debemos tomar conciencia y ejercer acciones concretas con diversas estrategias de manejo sustentable a nivel global que logren mitigar el impacto del calentamiento en el planeta y, como consecuencia, los ciclos de incendios, para permitir que la naturaleza conserve su resiliencia y mantenga el equilibrio natural de los ecosistemas.

Lorena Haurigot es doctora en Química Biológica y microbiología molecular