Areas protegidas

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Viaje de un fotógrafo al Parque Nacional El Impenetrable

Por Tomás Thibaud

El fotógrafo de naturaleza Tomás Thibaud cuenta aquí su experiencia en la visita a la Estancia La Fidelidad, hoy Parque Nacional El Impenetrable, en la provincia de Chaco. Un sitio extraordinario para la conservación pero inserto en una de las regiones más deforestadas del mundo. 

¿Es realmente impenetrable?

Cuando recibí la propuesta por parte de mi padre Michel Thibaud para ir al Impenetrable Chaqueño, aún no era Parque Nacional, me empezaron a surgir un montón de preguntas.  Si bien ya tenía varios viajes de fotografía en mi haber, la Argentina es tan grande que no alcanza la vida para conocer tantos lugares.

Foto Tomás Thibaud

Así fue que me pregunté cuán peligroso sería ingresar a un sitio que supuestamente es impenetrable. Cómo haría para lograr fotografías en un ambiente tan tupido que solo me imaginaba oscuridad. Cómo llegar a lo que era la Estancia “La Fidelidad” si el GPS me devolvía un mensaje: “no se encuentra ninguna ruta para ir al destino indicado”.

Como es de costumbre, cuando me surgen estas oportunidades, empiezo a hacer preguntas a otros, pues siempre hay alguien que sabe más que uno y así investigo cómo llegar, qué camino será el mejor, qué ambiente me voy a encontrar; qué equipos llevar y cuáles son las recomendaciones esenciales. Finalmente subimos a la camioneta y partimos hasta la ciudad Juan José Castelli a 1200 kms de Buenos Aires. Por lo menos trece horas de manejo. Luego deberíamos ingresar por un extenso camino de tierra, que recién cuando llegáramos a Castelli sabríamos las condiciones en las que se encontraría.

Arribamos sin problema. Ingresamos a la Estancia y acampamos a pocos metros del Río Bermejo. Habíamos llevado carpa pero el calor era sofocante, por lo que decidimos dormir a la intemperie sobre unos catres rodeados de mosquiteros para evitar la picadura de cualquier insecto o el zumbido de los mosquitos. Debíamos protegernos también de las víboras y arañas que circulaban por su territorio.

Fueron unos días y unas noches alucinantes. Quedó atrás mi prejuicio dado por el nombre impenetrable que si bien describe la dificultad del ambiente, siempre se encuentra el espacio para disfrutarlo y vivirlo. Lo recorrimos sin detenernos, aunque es cierto, siempre con la precaución de no meternos demasiado en el interior del monte, para evitar desorientarnos. Utilizamos ríos, arroyos, antiguos caminos, como guía o bordeamos lagunas.

Ya era el último día allí  y decidimos con mi amigo Pancho Rebollo Paz, hacer el intento de una última gran caminata a pesar de las altas temperaturas. Caminamos río Bermejo abajo siempre por su costa, y luego de casi una hora de incansables pasos nos topamos con un tapir que estaba recostado sobre la orilla refrescándose. Fue un momento épico. Esos que solo la naturaleza puede regalarte y que se siente cuando se descubre semejante animal en libertad sin saber cuál será su reacción ni la tuya. Nos acercamos sigilosamente hasta él cubriéndonos con un montículo de tierra que haría de trinchera y protección. Logramos estar muy cerca y quedarnos un largo rato mirándolo en su paz natural. Fue realmente increíble el tiempo que nos regaló allí quieto para nosotros. Hasta esperamos el momento en el que se paró y se fue caminando con mansedumbre hasta el interior del monte.

En ese viaje también tuve oportunidad de observar o fotografiar gran variedad de aves, piaras de pecarí, yacarés, corzuelas, tortugas, lagartijas, víboras, anfibios y ambientes, entre otras cosas.

Sin embargo, más allá de la fauna, fue increíble ser testigo de ese ambiente, esa cantidad de hectáreas de árboles y vegetación que venían protegiéndose desde hace años por su antiguo propietario, un visionario. Es sin dudas un lugar único. Prueba de ello es la aparición de imágenes del yaguareté en una cámara trampa que fue posible capturar gracias a varias organizaciones que trabajan tras las huellas del gran felino. Hay yaguaretés en El Impenetrable.

Los deseos se han hecho realidad y hoy La Fidelidad es Parque Nacional. Ojalá este esfuerzo de mucha gente no sea en vano, y que los estados nacional y provinciales tomen dimensión de la importancia de toda la Región del Gran Chaco. La misma conciencia debería tomar la Provincia de Formosa para proteger ese espacio que va del otro lado del Bermejo, para que sea una gran reserva cuna de biodiversidad.

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