Cambio climático

Cambio climático

¿Por qué hay que comer menos carne?

Si bien las elecciones alimentarias son un tema personal, pocas veces reparamos en el origen de nuestros platos. Y menos aún en el costo ambiental que hay detrás de la comida, en especial de la  carne. a producción industrial ganadera no tiene consecuencias sólo sobre el bienestar animal sino también sobre el cambio climático, la biodiversidad y el derecho a una alimentación suficiente. En términos de consumo responsable una dieta basada en carne no es muy viable a largo plazo. Te contamos por qué.

Según el Atlas de la Carne, una publicación de la Fundación alemana Heinrich Böell que analiza  el modelo ganadero industrial en América Latina, “una de cada siete personas en el mundo no tiene acceso apropiado a la comida (…). Por el contrario, casi mil millones de personas en el mundo pasan hambre en gran medida debido a que la alta demanda de las clases medias por carne genera industrias alimentarias a gran escala y con ganadería intensiva”.  El trabajo afirma que la gente en las ciudades come cada vez más carne y que la ganadería se expandió a nuevas fronteras particularmente en Argentina, Brasil y Paraguay en donde una de las consecuencias más problemáticas es el aumento de la deforestación. Se estima que un millón de hectáreas por año pasan de un sistema de ganadería extensiva a convertirse en producciones más intensivas con enorme perjuicio de los pastizales naturales que van desapareciendo.

En agosto de 2019 El IPCC (Panel Intergubernamnetal de Cambio Climático, por sus siglas en inglés) presentó un informe monográfico sobre el impacto del calentamiento global y el uso del suelo en el que advirtió los beneficios en la lucha contra el cambio climático de las “dietas equilibradas” basadas en alimentos de origen vegetal, como cereales, legumbres, frutas y verduras aunque no descartó alimentos de origen animal pero producidos de manera sostenible. Los expertos de la ONU determinaron que un 23% de todos los gases de efecto invernadero que produce el hombre vienen de la agricultura, la silvicultura y el uso de la tierra y prevé que puedan llegar hasta un 37%. Es necesaria una urgente transformación del sistema alimentario mundial mediante un cambio en la dieta que implicará, a largo plazo, que todos comamos inexorablemente menos carne.

Según el Inventario Nacional de Gases de Efecto Invernadero – que contabiliza los gases emitidos y absorbidos de la atmósfera durante un año calendario para el territorio argentino –  el sector ganadero es responsable de casi el 20% de las emisiones de gases contaminantes causantes del cambio climático. Y además el sistema de producción ganadero convencional no es saludable debido al uso de antibióticos, agroquímicos y hormonas que se inyectan al ganado.

Hay entonces varios factores importantes por los cuales el consumo de carne proveniente de sistemas de cría intensiva no resulta viable en el mediano plazo: el acceso equitativo al alimento, la conversión del uso del suelo con los consecuentes impactos sobre los ecosistemas y el cambio climático. Razones más que suficientes para preguntarnos si otro modelo es posible.

Existen sistemas pastoriles compatibles con el cuidado del ambiente en los que la carne se produce a partir de ganado criado en pastizales naturales. Un ejemplo de ello es la Alianza del Pastizal, un conglomerado de ONGs, instituciones y emprendimientos comerciales del Cono Sur que identifica carnes cuyo proceso de producción contribuye a la conservación los pastizales naturales y su biodiversidad.

“La ganadería convencional en ciertas zonas es de pastoreo continuo. Lo que hace esto es ir degradando el recurso, el suelo y el ambiente. Nosotros proponemos una ganadería de pastoreo controlado”, explica Facundo Pedrás, uno de los coordinadores de la Alianza. “La carne que consumimos ahora no es de buena calidad, proponemos no consumir carne en exceso, sino de calidad”.

Uno de los problemas es el precio  del producto final, los alimentos producidos de manera sustentable suelen ser más caros. “Nosotros estamos tratando de lograr que nuestro producto llegue a la góndola con el mismo precio del mercado actual. Si se apunta a tener un precio más alto no termina siendo socialmente sustentable”, dice Facundo.

Comer carne no daña el medioambiente, pero la ganadería intensiva si lo hace. Pensar en una dieta sostenible es posible. Nuestra responsabilidad como consumidores y las elecciones que hagamos también cuentan para conseguir precios más justos, productos más sustentables y  más saludables.