Arde el Amazonas: las razones de la catástrofe

La cuenca amazónica  cubre más de cinco millones de kilómetros cuadrados, tiene un rol clave en la regulación del clima y las precipitaciones del continente, es un sumidero de carbono y el hogar de gran parte de la biodiversidad conocida en el planeta. Durante los últimos cincuenta años desapareció casi un 20% de la selva de la mano de la deforestación y los incendios de los últimos meses ya se devoraron más de seis km2 más. Detrás del desastre ambiental hay razones políticas y económicas que impulsaron el descontrol del fuego en la Amazonia. Arrasar con la mayor selva tropical del mundo no es gratis, las consecuencias para el ambiente y la biodiversidad del continente son irreversibles.


El 60% de la superficie de la Amazonía se encuentra en Brasil, y se extiende también sobre Bolivia, Colombia, Ecuador, Guayana francesa, Guyana, Perú, Surinam y Venezuela. Pero son dos – Brasil y Bolivia – los países más afectados por los incendios en la región que ya llevan casi dos meses sin control. Son casi 100.000 focos que comenzaron a detectarse en julio coincidentemente con la temporada seca que se extiende hasta septiembre y que tienen al mundo en alarma principalmente por el descabellado aumento de la superficie en llamas que según el  Instituto Nacional para la Investigación Espacial (INPE) – la agencia federal que monitorea la deforestación y los incendios en Brasil – es de un 85% más que en el mismo periodo de 2018.


Las razones de la multiplicación del fuego en la Amazonia. Son varias y están vinculadas con la idea impulsada por el presidente Jair Bolsonaro desde que era candidato de que la selva es una suerte de obstáculo para el desarrollo agroganadero. El lobby agroindustrial fue clave para que Bolsonaro fuera electo presidente y él prometió y cumplió con la modificación de las leyes de protección ambiental. Desde que Bolsonaro llegó a la presidencia de Brasil se multiplicaron las quemas ilegales practicadas durante la temporada seca para convertir el bosque en pradera y se favoreció un debilitamiento de los órganos de control. El Servicio Forestal Brasileño fue transferido del Ministerio de Ambiente al Ministerio de Agricultura; se realizaron recortes presupuestarios en la prevención de incendios y hace unos meses Ricardo Osorio, director del INPE fue destituido de su cargo tras revelar que la Amazonía había perdido más de 3.000 kilómetros cuadrados de área boscosa desde enero de este año y que la deforestación en general había aumentado un 50% en los últimos 12 meses.


¿Por qué se impulsa con tanto énfasis el avance sobre la selva amazónica a partir del desmonte de los bosques? Porque esos suelos vírgenes ya sin cobertura vegetal son ocupados de manera ilegal, por empresarios locales o extranjeros que obtienen terrenos altamente productivos. Sin embargo, los impactos de la destrucción de la Amazonia no son nuevos aunque la actual tragedia ambiental los agravará aún más.
Impactos en el clima, en las precipitaciones y en la biodiversidad de todo el continente. La gigantesca masa boscosa amazónica regula el clima y el régimen de precipitaciones en todo el continente ya que las lluvias de gran parte del territorio americano, especialmente en el Cono Sur, son producidas por la Amazonia. El normal ciclo del agua se rompe. La humedad de la Amazonia contribuye a las lluvias invernales en partes de la cuenca del río de la Plata, en el sur de Paraguay, el sur de Brasil, Uruguay y el centro y el este de Argentina.


La destrucción de la Amazonia también supone una amenaza más global porque se interrumpe también el intercambio gaseoso por el que la vegetación absorbe de la atmósfera el CO2 -proveniente tanto de fuentes naturales como de la actividad humana- para hacer fotosíntesis y libera oxígeno. Las selvas amazónicas han sido históricamente un sumidero de CO2, que se acumula en sus árboles amortiguando los efectos de las emisiones humanas. El CO2 es uno de los gases de efecto invernadero que se acumula en la atmósfera y es una de las causas del calentamiento global. La catástrofe de los incendios acelerará los efectos del cambio climático aún más.

 

“La pérdida del bosque reducirá también la capacidad de absorción de dióxido de carbono por parte de los ecosistemas y las áreas dañadas serán más vulnerables a sequías, inundaciones y a otros efectos del cambio climático, por la falta de cobertura vegetal. La generación y la dispersión de humo comprometerá
la calidad del aire de varias regiones relativamente cercanas a los incendios e incluso de ciudades lejanas como San Pablo. Y el impacto inmediato de los incendios en la biodiversidad, es la muerte de miles de animales y plantas que habitan estos bosques, entre ellos especies emblemáticas y de gran importancia ecológica como el yaguareté” alertó La Fundación Vida Silvestre Argentina.

La reacción internacional escala. Con el conflicto ya avanzado el presidente de Francia, Emmanuel Macron – tras amenazar con no firmar el Acuerdo UE-Mercosur – anunció el lunes 26 de agosto que los países que conforman el G7 (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido) darían una ayuda inmediata calculada en US$20 millones para la lucha contra los incendios.; ofreció además medios militares para las tareas de control y dejó claro que se construirá una iniciativa internacional con un proyecto para paliar la situación que será presentado en la Asamblea General de la ONU. Sin embargo, no está claro si Bolsonaro aceptará o no la ayuda que también proviene de organizaciones como la Earth Alliance (Alianza por el Planeta), una iniciativa que fundó junto a los filántropos Lauren Powell Jobs y Brian Sheth, que decidió donar US$5 millones para ayudar.

Pero no solo es Brasil el problema, también es Bolivia. En la región de la Chiquitanía los incendios llevan consumidas más de 2 millones de hectáreas. En julio el presidente Evo Morales autorizó por decreto “quemas controladas” para actividades agropecuarias en los departamentos de Santa Cruz y Beni, los mismos que han sido afectados por los incendios forestales. Los hechos son los mismos aunque el signo político y los discursos no coincidan.


Las comunidades indígenas y criollas que viven en la Amazonia son también actores afectados. El fuego arrasó no sólo con la selva en la que habitan sino con sus casas, sus territorios sagrados, sus deidades y sus monumentos naturales. “Los incendios masivos en Brasil, Bolivia, Paraguay y, en menor escala, en la Argentina ponen de manifiesto la desvalorización que los dirigentes políticos sienten por la naturaleza y su desprecio hacia el conocimiento. Política sin ciencia, brutalidad doble” escribió hace poco el reconocido naturalista Claudio Bertonatti. “Hay muchas maneras de eliminar pueblos originarios. Las campañas militares fueron las más directas. Pero la más eficaz es la destrucción de la naturaleza y sus recursos. Los incendios en Sudamérica también apuntan a ellos”.


Según el Fondo Mundial Para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés, por lo menos un diez por ciento de las especies animales del planeta se encuentra en el Amazonas,. Un número incontable de aves, mamíferos e insectos ahora está en peligro por los fuegos. Aparte de la amenaza actual, los animales tendrán que convivir con la destrucción de su hábitat en forma permanente.

 

El problema de la deforestación. La deforestación no es sólo un problema de la Amazonia, Argentina es el segundo país de América Latina en el ranking de los diez países que más bosques perdieron en ese período después de Brasil: sólo en 2017 se desmontaron 172.639 hectáreas de tierras forestales y durante el siglo XX se deforestaron más de 11 millones de hectáreas para la agricultura, impactando sobre todo los ambientes nativos de la región chaqueña, el bosque atlántico y las yungas. La ley de Bosques de 2007 aún no cuenta con el financiamiento necesario ni y su implementación es obligación de los gobiernos provinciales que eluden la responsabilidad. En todas partes se cuecen habas.

 

A pesar de los esfuerzos por apaciguar el fuego, la selva sigue en llamas y se desconoce todavía la magnitud precisa del desastre. Millones de ciudadanos movilizados alrededor del mundo lograrán presión y llamar la atención para exigir detener los incendios y la deforestación. Pero evitar un punto de no retorno exige una respuesta política y hechos prácticos en forma inmediata.