Biodiversidad

Biodiversidad

La cría de salmón, una amenaza para el ecosistema

Pese a que el salmón es el alimento estrella de muchos platos muy consumidos, la forma en la que se cría y se produce es de lo más nociva. La acuicultura y en particular la salmonicultura provocan efectos devastadores en el mar y generan un producto que, al contrario de lo que creemos, no es para nada sano.

Imagen: Foro Mar Patagónico

En 2018 el gobierno nacional y el del Tierra del Fuego  firmaron un acuerdo con Noruega  para promover la acuicultura con dos proyectos en el Canal de Beagle. De inmediato la mayor parte de las ONGs dedicadas a la conservación marina levantaron la voz para oponerse. En mayo de este año el gobierno provincial informó la ratificación del convenio y ya están en la isla haciendo estudios para instalar las salmoneras: uno de los proyectos es un área de producción de diversas especies, entre ellas truchas y otras especies nativas como mejillones, algas o centollas y otro es para la cría de salmón rosado.  Ambientalistas, operadores turísticos, cocineros y gran parte de la comunidad está en contra.

La salmonicultura tiene fuerte impacto en el Mar Argentino. La  forma en la que se cultivan estos peces es una de la razones. “Los animales son criados en jaulas de redes y metal hacinados en espacios reducidos en donde se les da alimento balanceado y una gran cantidad de antibióticos” cuenta Alexa Saposznikov Coordinadora de  Foro del Mar Patagónico, una coalición de más de veinte organizaciones ambientalistas internacionales especialistas en temas marinos que desde el año pasado está en campaña para detener el proyecto. “Todos los residuos que dejan estas prácticas van al fondo del mar. Chile es un ejemplo, allí se crían y cultivan truchas y salmones por todas partes, y eso pone en riesgo a muchos cursos de agua”, explica. La mayor parte de los salmones que se consumen en nuestro país no son rosados sino blancos. Es un colorante lo que les da ese aspecto. Un colorante que luego ingerimos.

Otra de las preocupaciones son los escapes masivos. “los salmones no son una especie nativa de nuestro mar y pueden escaparse de los cubículos,  al no tener especies predadoras porque no forman parte del ecosistema existente, se convierten en invasores provocando un desastre ecológico. En Chile tienen un gran problema con eso”., señala la bióloga. Sin ir más lejos, en  julio de este año se produjo el escape de 690.000 individuos de una salmonera chilena de Puerto Montt operada por la empresa la noruega Marine Harvest.

La especie que se cultiva en Chile es el Salmón del Atlántico (Salmo salar) que no está presente en forma natural en el ambiente del Canal de Beagle.  Instalar salmoneras allí implicaría la introducción masiva de una especie foránea. Pero el problema para la biodiversidad no son sólo los escapes de salmones.  Algunos biólogos señalan que las salmoneras podrían en la presencia de centollas, pingüinos y cormoranes porque el sedimento que se acumula en el fondo demanda mucho oxígeno para ser reciclado por bacterias y microorganismos y los fondos sin oxígeno no permiten el normal desarrollo de otras especies de fauna marina.  Además las sustancias insecticidas como la cipermetrina utilizada para matar enfermedades de los salmones mata todo alrededor. Incluso aquellas especies de valor comercial como el mejillón.

Hay quienes defienden la iniciativa argumentando que algunos pescadores artesanales ya obtienen salmones “salvajes” en las frías aguas del canal, es decir que ya está presente allí la especie.  Esos animales son precisamente algunos de los que sobrevivieron de los escapes de instalaciones chilenas, sin embargo si se colocan jaulas en un área en la que no hay cultivo, los escapes se producirán con seguridad y se liberarán allí tantos que eso ayudará a establecer nuevas poblaciones con el consecuente impacto en el ecosistema.

Hace unos meses el reconocido chef argentino Francis Mallmann se sumó a la causa para junto con la organización CLT y la empresa Patagonia y anunció que no utilizará más salmones ni otras especies de estos criaderos en sus restaurantes.  «En los últimos 30 años hemos cocinado miles de salmones pero hace un tiempo comenzamos a escuchar algunos problemas que hubo en Chile con el tema de los antibióticos que le dan al salmón en los cultivos, y hace tres meses decidimos dejar de servirlo en todos nuestros restaurantes de Argentina y del mundo. Creo que nunca es tarde para hacer cambios y empezar de nuevo», explicó.

Como suele ocurrir la polémica está en la pelea entre quienes defienden la generación una nueva industria y de nuevos puestos de trabajo versus la preservación del ambiente. No hay duda de que los costos ambientales producidos por las salmoneras como la que existen en Chile representarán inexorablemente un problema a futuro por las implicancias que tienen intervenir de ese modo en las aguas marinas fueguinas. . La instalación de salmoneras en el Mar Argentino representa un riesgo y una amenaza para la biodiversidad, en un sitio en el que se está impulsando crear áreas marinas protegidas. “Hay que pensar en qué tipo de desarrollo queremos localmente” reflexiona Alexa Saposznikow y tiene razón.

¿Vos, consumís salmón?